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lunes, 11 de julio de 2011

Fantasmas.

Hace varios días fui a Guanajuato, Gto. Mi mamá llevó a una amiga de ella, que ya tiene años bastantes. 
Como es normal, nos metimos en un estacionamiento de varios pisos, y nos estacionamos en el último piso porque tenemos bien pinche mala suerte.


La señora habíase caído un día antes, así que fue un suplicio (del que hizo notar con sus gritos) los dos escalones que bajó antes de que un amable caballero nos indicara que había un elevador.


De regreso, buscamos el elevador de nuevo.


Desgraciadamente, era la hora de salida de primaria y el centro de Guanajuato estaba repletacado (repleto y retacado) de ñiñillos. 


Cuando el elevador se abrió, dos niñas salieron corriendo con su jijijí y su jajajá. Dos señoras que estaban esperando el elevador claramente se molestaron y le dijeron a las niñas:


"¿Con que jugando en el elevador, eh? ¡Aquí asustan!" Dijo una de ellas mientras entrábamos, la puerta se cerró justo para ver la cara de ya-no-me-da-tanta-risa de las niñas.


"Ja, niños." Dijo la señora que iba con nosotros, porque -la neta- asustar a los niños con fantasmas es bien oldfashioned. 


Entonces la señora que acababa de amenazar a las niñas tomó un semblante más oscuro y perpetró: "No... De verdad, dicen que asusta una niña aquí."




Y se bajaron del elevador.
Se imaginarán las caras de las tres, cuando volvieron a cerrarse las puertas.


o_o O_O O.O










Por eso yo no uso los elevadores, caray...

martes, 4 de enero de 2011

Se vende.

Hola Martes. 
Pensé que era Miércoles.


Últimamente me las estoy tirando de bipolar, a ratos estoy muy feliz y eufórica; y de repente me acuerdo de que posiblemente me vaya a vivir sola, y me siento bien gay, y me da miedo todo, y me siento insegura, y me da más miedo todo y así. Pero luego me pongo otra vez bien feliz, y luego torno a eufórica, y es un ciclo bien divertido (al menos, a los niños les parece divertido).


En fin, no sé porque les conté todo esto, pero todo se resume a un día de escuela.


Habíamos salido temprano, y Marzuuz y yo nos dirigimos a la acera frente a la puerta de la escuela. 


Entonces llegó un señor, a grite y grite:


"¡eMPANADAAAAAS!"


Marzuuz, naturalmente, empezó morir de risa porque, bueno, era sumamente cagado. Hablaba chistoso el tipo, y Marzuuz comentaba que nada más decía -panadas- (la M, obviamente es silenciosa).


Entonces yo le dije a Marzuuz que todos los vendedores ambulantes de comida -que gritan- se comen alguna letra (me imagino que en compensación a la comida que venden y no se pueden comer), por ejemplo:


"¡eLÓTEES!"
"¡ieeeeeeeRBÁNZAAAAAaaa...!"
"¡CAAHUÁTEEEEEEES!"
"¡aMÓTEEEEeeeess...!"


Escrito como onomatopeya, claro... los acentos son solo para que suene machín.


Entonces, no recuerdo por qué, el don de las empanadas se puso a hablar con nosotros.


Tenía yo ganas de una empanada mosqueada pero ya no tenía dinero. 
De todos modos le pregunté de qué era una empanada que parecía que me hacía ojitos (detesto mi comer compulsivo).


"De quema" Me contestó.


"¿De qué?" pregunté, incrédula.


"De quema" Repitió.


"¿De crema?" 


"Sí, de quema." Concluyó el señor.


Ahora sí, y sin contener la risa, me volví para con Martha para reírme muuuy quedito.


Benditos vendedores ambulantes.



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