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martes, 2 de agosto de 2011

Por fresa y mamona.

Hace un par de años, fui al cine con ocasión del cumpleaños de una compañera de la escuela. Apenas nos estábamos conociendo, y cualquiera que me conoce sabe que siempre hay una cara nueva para conocer.


En fin, llegué a la plaza y la cumpleañera en cuestión estaba un poco triste. La felicité y platicamos un rato. Debido a que nada se hacía, solo platicábamos de pie y... pues nada; la cumpleañera comenzó a deprimirse y nos miraba con cara de odio. Intenté animarla un poco, la jalé del brazó, le tomé una foto frente a un cartón de princesa "tómate una foto" barbie (salió con una expresión de los odio y quiero que se mueran), pero nada.


Empecé a jalarla por todos lados, entramos a liverpool a reírnos de los dulces (les enseñaría la foto, pero creo que se ha perdido en el mundo virtual) y luego sugerí entrar al cine.


Como no estaba planeado, ellas se paniquearon por no saber a qué peli entrar. Yo elegí la que estaba empezando. 


Entramos a una película MUY aburrida, la historia era buena, la trama daba hueva. Nos sentamos en la última fila de la sala, advertí que había un pedazo sin butacas en la fila de frente. Se me hizo extraño, porque ¿para qué quitarían las butacas? ¿mantenimiento? ¿se rompieron? Bleh, pasé y me senté. Las demás se sentaron.


Al rato entraron más conocidos a la sala y se sentaron junto, yo ignoré quienes fueran y seguí diciendo idioteces y así - lo que generalmente hago en mientras veo una película. 


Pensé que entramos tarde, pero después entraron unas tres o cuatro señoras jóvenes, que nos vieron haciendo nuestro privado desmadrito, nos metieron una mirada de pinches mocosos nacos asquerosos y se empezaron a acomodar en la fila de frente.


Si no querían escucharnos -pensé- pues que se sienten en otro pinche lado. 


Pero justo en ese momento, una de las señoras que traía una caja de palomitas intentó sentarse en el hueco sin butaca(s) y 


MADRES


que se va hasta el suelo, haciendo que las leyes de newton o sus reflejos -yo no sé- dejara las palomitas (y sus manos) en su lugar, e incluso, que subieran más.


Una lluvia de palomitas regó a la señora, también a nosotros, un poco. 


Las señoras se empezaron a reír, y nosotros también.


Ya acomodados todos, seguimos viendo la película... que seguía siendo bastante aburrida.


Así que nos fuimos.


Pero desde entonces recuerdo con mucha risa y lágrimas a la pinche doña que se comió sus miradas al caerse y llenándonos de palomitas.


Neta, me cago mucho de risa.


Es más, me estoy riendo un poquito en este momento.


Ándele ñorita, por fresa y por mamona.



martes, 28 de junio de 2011

Bien. Las uñas.

Por fin soy libre y les puedo platicar mi gran trauma con las uñas postizas. 


Todo pasó hace exactamente tres años y una semana y media. Iban a ser mis XV años, por lo tanto, debía ponerme "toda guapa" y así. La neta es que conmigo eso es casi lo mismo que imposible, así que a mi me daba totalmente igual. 
Mi madre me llevó al "mejor lugar" de las uñas postizas de mi estúpido pueblo. Me sentaron en una silla, frente a una doña. La doña, la más desagradable del mundo, estaba hablando por teléfono. Creo que no dejó de hablar por teléfono nunca. Como ni me volteó a ver, yo no sabía qué hacer, lo cual la molestó... bueno, creo que ya estaba molesta por algo porque tenía cara de que estaba oliendo mierda, así que creo que se molestó más.


Me vió las uñas y me dijo con desprecio: "Uy, te muerdes las uñas, ¿verdad?"


Ajá. Me las muerdo desde que tengo memoria. Me las muerdo mucho. Me gusta hacerlo, me da algo qué hacer mientras estoy aburrida. Me entretiene. Sí, yo me muerdo las uñas, y ya no me importa decírselo al mundo.


Y que agarra su lima ¡MADRES! el ataque comienza. Talla mis uñas, por arriba, por abajo, por un lado y por otro. Las masacra. Las odia y las quiere desaparecer de este mundo cruel con señoras malvadas que odian tus uñas.


Sin embargo, eso terminó rápido. Luego procedió a sacar unas estampas, las miró y gritó... "Fulanita, traeme las otras, las negras." Aparentemente, mis uñas eran demasiado pequeñas y necesitaban unas especiales.


Y entonces... que mete con fuerza las estampas bajo mis uñas. 
Eso. Fue. Doloroso.


Y ya, empieza a poner el acrílico. Eso fue decente, aunque redepente me ardía por donde me había sacado sangre la muy hija de hijos de la puta chingada sin paga. 


Después de que se endurecen, arranca la estampa *alivio* y agarra la lima... en cámara lenta... se acerca a mis uñas con crueldad... y toma mis manos... 




¡DIOSBENDITO! Sólo mátame sin la tortura, por favor. Admitó que lloré un poco en esa parte. A ella no le importaba porque -claro- estaba hablando por EL PUTÍSIMO CELULAR. Limó el acrílico pegado a mis uñas hasta darles forma y limó más el acrílico y las limó más.... Bien pudo haber metido mis dedos en ácido concentrado y luego cortarme los dedos con una cuchara por todo el dolor. Lo hacía con perversidad, disfrutaba mi dolor... Pensé que el siguiente paso era poner mis dedos en las vías del tren y esperar a que pasara el tren...


Pero no, fue pulir. Lo cuál también dolía, pero como cuando te golpeas, y alguien trata de sobarte y aunque en realidad está avivando el dolor, no es tan terrible...


La mujer.... seguía llamando por teléfono. Ni me dijo qué tenía que ir a hacer después. La muchacha del lado me dijo, y me levanté y me fui. Me sequé las pocas lágrimas y me senté.


Estaba muy enojada, pero era hora de pintarlas: time to get the art going.


Pues no, porque las viejas jijas de su puta madre nomás decían "Es que no cabe, tus uñas son muy pequeñas..."


Unas grecas, no; unas ondas, no; una flor bizarra, no...


"¡¿Entonces qué le puedo poner?!" 


"Una florecita o una estrellita."


Chichichichichiiiingas a todos tus antepasados...
Pero en ese momento logré ver unos cuadritos bien ska (que también estaban en mi pastel, así que resultó bastante genial) y pues que esos sí, pinches viejas.




La otra vieja no volvió a aparecerse, porque la que pintaba era otra. Pero nunca voy a olvidar a esa perra que ni siquiera me vio a la cara mientras me torturaba, eso es frialdad y dureza de corazón, me cae. Mínimo me debió avisar -si tanta experiencia tiene- que me iba a doler... mucho.


En fin, esta es la historia de la perra desalamada poneuñas.


Ojalá se muera con crueldad, lentitud y dolor. He dicho.

martes, 8 de febrero de 2011

De maestros...

Bueno, ya que estaba en el tema de los maestros y lo de leer (gracias a Kabán, que no me desvió del tema); voy a hablar sobre aquellos buenos tiempos de cuando yo era una persona muy pequeñita. 

De verdad, pequeñitita. Pudo haber sido tiroides o algo así.

En fin, yo sé que ustedes tienen un maestro al que siempre van a recordar - quizá se les olvide su cara, o si era gordito o flacón, o su voz; pero, carajo, siempre van a recordar una frase o algo que haya hecho.
Su sonrisa, quizá. Tal vez su nariz llena de pelos (válgame Jebuz, eso no se los deseo). A lo mejor su "pienso, razono, reflexiono". Ah, como me caga esa frase. Lo hago y punto. Para eso existe la postday.

Blablabla, pues. Voy a hablar de una de estas maestras.

Hace mucho, en segundo año de primaria... ¿o fue primero? Ah, esas malditas mañas de poner la misma maestra en dos años seguidos.
Estaba yo -platicando- en el salón muy feliz. Nunca me callaba. Mis boletas dicen "habla mucho", "debe hablar menos", "no se calla durante la clase" y etcéteras. Eso no importa, estaba hablando. Oh, esas sillitas de parejas son la verga... 

Entonces, que llega la maestra y me dice que vaya. Y obedecí (porque no me pidió callarme, por eso le obedecí). Y que me pregunta algo que sencillamente no entendí. Entonces me dice que habrá un concurso de Lectura entre todos los de la escuela, y que estaba pensando en que yo participara. A mi, pos me dió igual. Era una mocosa de 7 años. Si me sacaban de clase, por mi, hasta pa' pelar elotes. Ok, esto no es lo importante pues.

El chiste es que me dejaron caer todo de chingadazo, yo solo fingía y asentía. Pero no entendía ni madres.

La maestra me sacó más que aturdida del salón y me dijo que fuera con la maestra Aurora. 

Veinte segundos me tardé en preguntar una de las frases que se volvería presente por el resto de mi vida (o, al menos, hasta el día de hoy):

"¿Q... Quién es la maestra Aurnlio?" pregunté, fingiendo decir el nombre, porque ni so caché.

"Aurora. Una morenita, de cabello negro, corto, como de honguito; que trae un traje entalladito, flaquita, de color azz.... Mira ahí viene, vete."

No mamen, yo era la persona más tímida del mundo; caminé dos pasos, volteé por toda la escuela, me asaltó un ataque de nervios y pumpaz. Miré a la maestra de nuevo con cara de WTF?!
La maestra suspiró, me tomó de la mano y me llevó casi corriendo a donde venía la susodicha maestra Aurora. Con los ojos como plato de que la verdad yo no sé en qué chingados me metí. 

Las maestras intercambiaron un par de palabras, creo que concernían a el lugar donde sería el concurso y que yo sería la participante para primer año de primaria. O de segundo. Whatever. Hasta ahora me detengo a pensar que lo más posible es que fuese la única concursante de ese grado.

En fin, la maestra me tomó de la mano y me preguntó mi nombre.
Tartamudeé "allizzia".

Ella se puso a hablar de que le gustaba mi nombre. Me dijo que no estuviera nerviosa, que nada más iba a leer un cuentillo que me iban a dar. Me explicó que cuando llegara, se iban a rifar los turnos. Luego, nos íbamos a sentar en las bancas que había allí, y que esperara mi turno y escuchara a los demás. 
Me pidió que leyera muy bonito, respetando las comas y los puntos. Me preguntó la diferencia entre ellos y me dio las típicas lecciones sobre ellos. Todo en un par de minutos. Fue concisa, al grano y punto. Sonreía mucho. Hablaba normal, como cualquier otra persona. No como una maestra. Me dijo que estaba muy delgadita yo -lo cual repitió por muchos muchos años más- y me llevó de la mano hasta un salón que estaba del otro lado de la escuela. Un salón que jamás había visto. Un salón que -dada la alta concentración- nos tocó ocupar en sexto año. 

El techo era de dos aguas, parecía una cabaña más que un salón. Estaba oscuro. O, creo recordar eso. Había muchas bancas, aunque -según mis recuerdos-  no estaban en filas. Sólo estaban ahí, donde decidieron estar.

La maestra -quien ya se había ganado mi confianza- me dijo que me sentara en una. En un buen grito, como si fuese una fiesta, avisó que ya estaba aquí. 
Posiblemente me estaban esperando solo a mi.

Cuando empezaron a repartir los papelitos, me asusté de nuevo. Me sentí sola. 
Me dieron el último papelito (también, estaba bien mini, ni me iba a meter a pelearme por uno). Era uno de los últimos turnos. Carajo.

Por horas me aburrí allí, escuchando cuentos, tipos pretenciosos que se la querían tirar de super lectores, morritos que la verdad leían de la hueva -a sílaba por sílaba- y presentaciones. Hueva.

Por fin me tocó.

Me invadió la inseguridad y me levanté y me quedé con mi faldita ondeando.
¿Qué hago?

Entonces, volteé a ver a la maestra de nuevo. Estaba sonriendo. Me guiñó un ojo.

Así que tomé la hoja que me pasaban, me paré donde todos se habían parado, respiré bien juerte, y empecé a leer.

Leer era fácil para mi. Leer en voz alta me relajaba. Escuchar las ondas de mi voz subiendo por mi garganta, hasta la nuca y en mis sienes. 
Las palabras salieron fáciles. Terminé -lo que yo considero- bastante rápido de leer. Respeté comas y puntos. Y todo eso. Quizá no pusiera énfasis en lo que decía la historia, pero ya, pedían mucho carajo.

Cuando terminé, me quedé viendo las letras un momento más y miré hacia el frente. Me pidieron la hoja, y me senté.

Me da mucho coraje que en las escuelas públicas no se pongan a planear nada: todo al aventón y chingue a su madre. Digo, me dijeron del concurso el mero día. Eso sí es un poco molesto.


En fin, que todo terminó, gané el segundo lugar (idiotas pobres, los de sexto), me dieron un diploma y unas libretillas y ya. 

La maestra Aurora se acercó y me dijo que leí muy bien, que felicidades y todo eso.
Luego ya me pude ir a mi salón, a chingar a mi madre.







El chiste de todo esto, era recordar que es especial cuando encuentras una persona que no conoces; pero en poco tiempo te hace sentir muy bien y la verdad es bien chido encontrar ese tipo de personas. A mi me gustaría ser así. Poder reconfortar a un desconocido. Poder llegar y preguntarle si se siente bien, que no se agüite, que la vida tiene sus bonitas cochinadas de vez en cuando, y tomarles la mano. Pero yo no tengo la labia, me trabo, hablo bien feo.

A que ustedes también recuerdan a alguien así, ¿o me equivoco?



martes, 11 de enero de 2011

Momentos sumamente vergonzosos.

Estaba en León, más bien, saliendo de León; y me di cuenta de que la feria estaba a punto de empezar. 


Comienza el viernes, para ser exactos.


Y siempre me vuelve a ese momento de mi infancia...


-Sonido de flashback de película-


Cuando allizzia era una niña pequeña, como de 5 años, y flaquititita (como siempre) y toda tierna y linda y que daban ganas de comerme hervida; mis padres solían llevarnos a mi y a mis hermanas a la feria. 


Una de estas veces, caminábamos por donde está la exposición de stands de productos de orgía origen animal. 
Tengo pocos recuerdos de eso, pero bien recuerdo que había una caja de leche (de las de antes, como las del video de Coffe & TV de Blur) gigante. 


En fin que íbamos caminando, y me quedé de boba viendo no-recuerdo-qué.
Cuando me di cuenta de que estaba sola (era muy dependiente), corrí a tomar la mano de mi padre. Seguí viendo no-sé-qué, e iba hablando y señalando y contando a mi padre no-sé-qué-cosa; cuando de repente, algo estaba mal.


Volteé a ver a mi padre.... que no era mi padre. Era un señor cualquiera.


OHMAIJEBUZ MEPERDÍ


pensé muy panickeada. Entonces vi a TODA mi familia cagándose de risa de mi, dos stands atrás. El tipo al que había tomado de la mano, me veía con una mezcla de ternura y burla. 


Lo único que pude hacer fue huir con mi familia y golpear a mi padre... por no ser el tipo que estaba más adelante, supongo...




Creo que jamás he tenido tanta vergüenza en mi vida.




Era tan ñiña popis en aquel entonces...



martes, 30 de noviembre de 2010

De más muertos desconocidos y mi empatía.

Hoy tuve un sueño-recuerdo extraño (y que bueno, porque no saiba yo qué escribir). 


Soñé que tenía cáncer, que estaba en la cama del hospital, con sábanas blancas y todo blanco; que estaba lleno de tubos, que no tenía cabello, que en mi mano estaba una vía grande y bizarra, que tenía forma de avión y que jugaba con él.


En realidad no es un sueño, sino un recuerdo empático. Vamos desde el principio.


Hace mucho, no creo ni tener 7 años, mi mamá me llevó al hospital a ver a un niño que tenía leucemia, cáncer. Era conocido, porque era primo de un primo; las familias se llevaban mucho... pero esa es otra historia (bien chistosa, por cierto; ¡qué cagados son los de pueblo!). En fin, yo me sentía como bicho aplastado porque no conocía a nadie y como que me da vergüenza entrar en la intimidad de los demás. Digo, como que a todos nos da vergüenza, me supongo.


Así que hice lo más natural que hace un niño a esa edad: me escondí detrás de mi madre. Hasta que vi algo que... bueno, básicamente algo que allizzia jamás me dejará olvidar.


Era un niño, en la cama, en el centro del cuarto, sin pelo... Bueno, creo que ya lo describí todo allá arriba. El niño (masculino, por si las dudas) se miraba de mi edad y tenía una sonrisa que me invitaba... Pero no me acerqué, ya que soy tímida y estaba rodeado de gente desconocida y enfermero(a)s.


Lo veía con esa cosa en su muñeca (una vía intravenosa demasiado grande si me preguntan, pero yo no soy médico así que no sabría decirles qué carajos era), con forma de avión. Le pregunté a mi mamá que si estaba enfermo. Dijo que sí. Le pregunté si no podía levantarse. Dijo que si. Pregunté si eso en su muñeca era un avión que habían amarrado a su mano para que pudiese jugar cuando quisiese sin moverse. Mi madre dijo que no, se rió, y me explicó que era donde ponían las medicinas. Cuando pregunté si se iba a curar, a mi madre le faltó voz. Deseó que sí. Yo también lo deseé. 


Su nombre era Ángel. Angelito. 


Murió un par de semanas después. Fui a su velorio. Su madre lanzaba alaridos de dolor cada tanto, el resto de rato lo pasaba sollozando amargamente. Me ofrecieron un dulce de mantequilla. Había café. Mis primos estaban pequeños. Llevé un ramo de flores de colores. Mi madre me dijo que no se usaba, pero ¿no prefiere un niño flores de colores? Las flores blancas apestan. Su madre apreció mi gesto viéndome benevolente, y soltando muchas (muchas) lágrimas más.


Lo enterraron en el panteón del pueblo. Es un panteón curioso, las tumbas se construyen unas sobre otras. Sabrá Dios cuántos muertos hay más abajo, hasta ahora, las pilas se cuentan (al menos yo) de 4 muertos. Debe haber más muertos abajo.


Él se convirtió en un muerto más entre todos esos desconocidos. No comprendo por qué mueren tantos niños en ese pueblo, pero pasa. Las tumbas terminarán sin nombre, él sin identidad. Se volverá en el extraño que siempre fue. Nunca pude conocerle. Su hermano (gemelo) jamás me parecerá igual, porque no tiene la misma sonrisa ni la misma mirada. Son diferentes. Siempre lo han sido. Mientras cerraban la tumba, su madre se aseguró de que jamás olvidase (y olvidásemos, supongo) el entierro de lo que quedaba de su hijo. 




Supongo que por eso me fascina tanto la muerte...

sábado, 6 de noviembre de 2010

Flashback

Como siempre, me volé las clases de natación. Me disponía a esperar a mi madre en el estacionamiento del colegio, pues sabía cuales eran los árboles que tenían nidos. Siempre me han gustado las aves y observarlas era genial.

Cerca de la entrada también estaba un niño que reconocí, pues también iba en mi salón. Casi no sabía los nombres de mis compañeros... nunca fuí muy sociable y no había expeirmentado un fuerte lazo de amistad, así que realmente no me interesaba. Solo lo saludé con un simple "Hola" y me respondió con un "¿Qué tranza?". Ahora veo que siempre ha tenido esa frase como saludo.

Me senté a unos troncos de este niño desconocido y me puse a observar a los pajaritos. Después me animé a intentar dibujar el nido, así que fuí a mi mochila, que por cierto estaba cerca del niño que no podía recordar ni en qué lugar se sentaba (así que cuenta como un perfecto desconocido), por un cuaderno y lápiz.

Cuando logré sacar ambas cosas, me proponía entablar plática, cuando depronto se acercó un niño de 6° (Uuuuhhh seeeexxtooo...) [Aquí debería de sonar "Chico malo chico maloooo"] y comenzó a hacerla de pedo con mi compañero inidentificado.

- ¿Qué traías, gordo? Ya no hay maestros para defenderte...
- Arg, ya ¿Qué onda contigo? Te la pasas jodiendo.
- ¿Algún problema, gordinflón?
- ¡Ya bájale. idiota!

Así como de la nada aparecieron 2 niños rudos más, rodeando a mi compañero. Viendo que la cosa se ponía caliente (e injusta con 3 niños de sexto contra uno de cuarto) intenté calmar las cosas.

Al parecer lo hice un poco mal pues mi manera de aproximarme fue un poco brusca y lo que yo creí que era un intento de separarlos, el chico rudo lo tomó como un empujó, así que me empujó y mientras caía al suelo, mi compañero se le subió a este tipo en la espalda. No duró mucho ahí pues sus pseudomatones lo bajaron al mismo tiempo que intentaba detenerlos en vano mientras gritaba cosas como tontos o idiotas (Tenía 8 años, realmente no sabía muchas groserías) y... bueno, nos fue un poco mal.

Cuando estos tipos acabaron con nosotros, dijeron unas palabras de chicos malos y se fueron.

Mientras palpaba mis mejillas inflamadas, solo vi que una mano se extendía hacía mi, en señal de que quería ayudarme a ponerme de pie.

-Oye ¿Estás bien? tienes el ojo oscuro.
-Seee, pegan como niñas- Decía mientras me aguantaba las ganas de sobarme (Hmm... ahora que lo pienso, creo que nunca tube mucha suerte con mis ojos...)
-Me llamo G...
-Soy Kabán
-Muchas gracias, creo que me hubiera ido peor si no me ayudas.
-Realmente no creo que pudiera estar peor.
-Jajaja cierto.

Después, ayudándonos mútuamente para caminar, nos alejamos de ahí y fuimos a la tiendita a comprar un agua... para usarla como hielo en nuestros cachetes... y mi ojo...









Y así, muy aprecieble público, es como conocí a mi mejor amigo de la infancia...

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