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sábado, 11 de febrero de 2012

No es la primera vez

Siempre que estoy en el CAADI, digo algo comprometedor y alguien me escucha.


El martes fui a dar de alta mi seguro y llegué temprano a la escuela, entré al CAADI y comencé a contar cómo dí el alta. Les dije que me dieron muchas cosas y me preguntaron que si me dieron condones como a cierta otra persona.


"¡¿POR QUÉ A MI NO ME DIERON CONDONES?!


Dije, un tanto fuerte. Para mi desgracia, detrás, venía entrando un chavo que se quedó detrás de mí... imaginarán la cara, ¿no? Para luego comenzar a cagarse de risa.


Yo procedí a cubrir mi cara con mis manos para decir ¡Carajo, siempre me pasa!


PD. La última vez fue sobre tocarle el trasero a alguien.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

...Es traído a ustedes por "Álvaro"

En alguna de esas conversaciones en el salón, salió el conocido tema de que los padres siempre piensan de la manera equivocada con respecto a la sexualidad.

Nuestra maestra, muy enojada por la actitud paterna a las campañas de prevención de enfermedades y contra el embarazo no deseado, relataba como los padres de familia siempre evitan que sus hijos reciban condones gratis por que, bueno, sus hijos NO son así. Y sus hijos son súper vírgenes y qué cómo podían pensar que sus hijos a esas edades necesitarían un condón.

Entonces, a mitad del discurso, los machísimos| de mi salón expresaron que es una pendejada y que ellos son todos unos expertos en el arte de pedir un condón en un a farmacia, solo que a veces las cosas pueden ser un poco vergonzosas.

Como es el caso del bueno de Álvaro, que se dirigía a la caja, con un cierto aire de inseguridad, a pedir un condón. Una vez que llegó con la sujeta que atendía y le preguntó por un condón...


"¿Perdón?" dijo ella, a lo que tuvo que repetir que si le alcanzaba un condón, pero parecía que esta tipa no escuchaba bien. Ahora bien, no sé ustedes pero me molesta cuando tengo que repetir las cosas más de 2 veces. Me da inseguridad y pienso que hablo quedito o mi interlocutor es sordo y, por supuesto, esto mismo debió pasarle a nuestro amigo. Pero el no cedió a la desesperación y volvió a repetirlo calmosamente "que si me da un condón" y fue cuando nuestro compañero perdió la paciencia con el comentario de "¿Y de cuanto va a ser su recarga?"...


-¡Un condón! Quiero un condón, por Dios.












Después de ese día, Álvaro no volvió a ser el mismo.

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